sábado, 20 de agosto de 2011
viernes, 19 de agosto de 2011
Motas pegajosas.
¿A caso alguien puede molestarse en recorrer la distancia que hay desde mi cuerpo hasta su cama sin parpadear? El crepúsculo dejó de alumbrar rojos por doquier, y la vida nos echa en cara el tiempo desperdiciado. El tiempo que pasé en tu cuarto. El desagradable tintineo de las canillas y lo empapado de tu espalda.
No creo que haya terceros nudos, los segundos fueron aún más ajustados que los primeros. La nula libertad no molesta pues tu momento es ese y nada externo puede penetrar. Pasamos años con el mismo aire cargado, sin renovar, sin abrir la puerta ni las ventanas. ¿No te quema el sol después de eso?
Pichones desplumados con consentimiento a una eternidad en cautiverio. La cueva a la que no puedo evitar volver cada vez que me alejo dejó mi piel escamada y amarilla. Y las huellas. Las interminables huellas pringadas hierven la carne. El único calor que puedas llegar a sentir carcome sentidos.
Y al final terminas por querer moverte, pero te das cuenta que vendiste tus piernas al sueño masoquista de él, y al cual hiciste propio.
Músculos acostumbrados a descansar imposibles de despertar.
La fuerza de voluntad duerme con él y su espalda empapada.
El pensar es rebeldía y se castiga con el peor de los escarmientos. Se castiga con la indiferencia.
Cuánto más lastima mientras estoy vulnerable, más me facilita la carrera. Y cuando logre desprenderme de tanto desamor y creencias retrogradas, la indiferencia será mi nueva cama. Y él un vago recuerdo de mi infancia.
k
¿A caso alguien puede molestarse en recorrer la distancia que hay desde mi cuerpo hasta su cama sin parpadear? El crepúsculo dejó de alumbrar rojos por doquier, y la vida nos echa en cara el tiempo desperdiciado. El tiempo que pasé en tu cuarto. El desagradable tintineo de las canillas y lo empapado de tu espalda.
No creo que haya terceros nudos, los segundos fueron aún más ajustados que los primeros. La nula libertad no molesta pues tu momento es ese y nada externo puede penetrar. Pasamos años con el mismo aire cargado, sin renovar, sin abrir la puerta ni las ventanas. ¿No te quema el sol después de eso?
Pichones desplumados con consentimiento a una eternidad en cautiverio. La cueva a la que no puedo evitar volver cada vez que me alejo dejó mi piel escamada y amarilla. Y las huellas. Las interminables huellas pringadas hierven la carne. El único calor que puedas llegar a sentir carcome sentidos.
Y al final terminas por querer moverte, pero te das cuenta que vendiste tus piernas al sueño masoquista de él, y al cual hiciste propio.
Músculos acostumbrados a descansar imposibles de despertar.
La fuerza de voluntad duerme con él y su espalda empapada.
El pensar es rebeldía y se castiga con el peor de los escarmientos. Se castiga con la indiferencia.
Cuánto más lastima mientras estoy vulnerable, más me facilita la carrera. Y cuando logre desprenderme de tanto desamor y creencias retrogradas, la indiferencia será mi nueva cama. Y él un vago recuerdo de mi infancia.
k
lunes, 15 de agosto de 2011
jueves, 11 de agosto de 2011
En tercera persona la perspectiva cambia mucho.
Cuando te encontrás a vos mismo caminando por la vida sólo por inercia y no sos capaz de parar y preguntarte el porqué, generalmente es cuestión de miedo a cuál pueda ser la respuesta. En cuanto te pares, las cosas caerán por peso propio y no tenes ganas de limpiar el desastre, así que preferís caminar. No te das cuenta. Se llama Rutina.
Pensó que nadie podría darle lecciones. Pensó que sabía todo y sobre estimaba, sin ocultar, a casi todas las personas que la rodeaban. Su frase de cabecera lo explicaba todo; ''tengo suficiente con mi mierda, no deseo cargar con la de los demás'', palabras pesadas para tan pequeña chica, pero eficaz en abastecerla con una dosis de retraimiento, ocultándola de mierdas ajenas y evitando desastres.
Sabes que no querés sentir. Sentir significa posibilidad abierta a terminar herido. Como si abrieras los brazos y estiraras el pecho esperando una bala.. o un abrazo.
Sigue pensando de la misma manera. Es difícil derrumbar cuando lo que construiste está hecho de tanta tristeza y nostalgia. Se vuelve un masacon duro, no filtra el agua, ni siquiera los gritos que nadie parece escuchar.
Aún así, las personas se acercan, atraídas por la mirada perdida y las infinitas danzas musculares que se estrenan las 24/7 del día en su cara.
Un chico, puede que tan perdido como ella, aparece. Resalta no sólo fisicamente, resalta en palabras, en acciones. Abiertos a debatir la vida misma y reírse del resultado, caen en razón. No estás solo. Bueno, lo estás, hasta que decidís mirar a tu costado. Si te dieras una oportunidad, si le dieras una oportunidad a la vida de sorprenderte, el aire no se sentiría tan aplomado en tus pulmones.
Las palabras son la mejor arma que tiene. Elige las que la situación amerite, y nunca las piensa dos veces. Sin buscar nada encontrás de todo. Como alguien encuentra refugio en tus palabras, el aliento que faltaba, el empujón, el parpadeo para despertar del amniótico sueño en el que uno mismo se condena.
Es la primera vez que cae agua por provocar algo en alguien. Es la primera vez que se siente con el poder suficiente para no golpearse la cabeza contra la pared y leer. Leer lo que el chico le dedicó. Habían desde siempre razones, pero ahora lo sabe. Ahora esta segura de que la vida quita, y a cambio te entrega. Entrega amor. Luchar para dejarlo entrar y que sucumba la abadía en la que te sentencias, que corte la soga de ahorque y puedas respirar.
Gracias por recordármelo todo el tiempo. Pero tus alas son las mas hermosas que haya visto.
Se cierran las ventanas. La desesperación toma lugar. Todo este tiempo creí que luchar significaba dar todo. Cruzarte con gente que inevitablemente te va a forrerar, y aún así no desistir. Pobres almas mundanas recorriendo las mismas acciones de años pasados. Pobres almas nuevas que van a tornarse viejas por razocinio ajeno. Pobre del que esté en el medio.
lunes, 8 de agosto de 2011
domingo, 7 de agosto de 2011
Quiero agradecerte porque me haces mucho más fuerte. Me haces trabajar un poco más duro. Me haces mucho más sabia. Así que gracias por hacerme una luchadora. Hiciste que aprendiera un poco más rápido. Hiciste mi piel un poco más gruesa. Me hiciste mucho más inteligente. Así que gracias por convertirme en una luchadora.
jueves, 4 de agosto de 2011
lunes, 1 de agosto de 2011
sábado, 30 de julio de 2011
Aún tengo una vida muy larga como para desear borrar estos sentimientos.
Quiero intentar rehacer esas cosas que deje sin terminar.
Se suponía que perseguiríamos la continuación de nuestros sueños,
pero tropezamos con la gente en ese camino angosto y curvo.
No es que queramos regresar a aquellos tiempos..
Solo buscamos aquel cielo que hemos perdido.
Deja de poner esa cara.. como si te hubieras sacrificado
solo para que yo pudiera comprenderlo.
Un pecado no acaba con lágrimas.. tienes que sufrir y llevar esa carga por siempre.
¿A quién esperas en el laberinto de tus emociones.. sin salida a la vista?
Mientras los escribo en este cuaderno vacio,
Quiero liberar mis verdaderos sentimientos cada vez más y más.
¿De qué quieres escapar?
¿De eso llamado realidad?
Me dan ganas de gritar, saber que vivimos para convertir en realidad nuestros sueños.
¿Puedes oírme?
Es imposible permanecer en un sitio seguro..
Asique no tenemos sitio al cual regresar.
Siempre estoy agradecida por tu bondad
Y por eso quiero volverme más fuerte.
Siento nostalgia.
Incluso le daré la bienvenida a ese dolor.
Quiero intentar rehacer esas cosas que deje sin terminar.
Se suponía que perseguiríamos la continuación de nuestros sueños,
pero tropezamos con la gente en ese camino angosto y curvo.
No es que queramos regresar a aquellos tiempos..
Solo buscamos aquel cielo que hemos perdido.
Deja de poner esa cara.. como si te hubieras sacrificado
solo para que yo pudiera comprenderlo.
Un pecado no acaba con lágrimas.. tienes que sufrir y llevar esa carga por siempre.
¿A quién esperas en el laberinto de tus emociones.. sin salida a la vista?
Mientras los escribo en este cuaderno vacio,
Quiero liberar mis verdaderos sentimientos cada vez más y más.
¿De qué quieres escapar?
¿De eso llamado realidad?
Me dan ganas de gritar, saber que vivimos para convertir en realidad nuestros sueños.
¿Puedes oírme?
Es imposible permanecer en un sitio seguro..
Asique no tenemos sitio al cual regresar.
Siempre estoy agradecida por tu bondad
Y por eso quiero volverme más fuerte.
Siento nostalgia.
Incluso le daré la bienvenida a ese dolor.
viernes, 29 de julio de 2011
Cuando puso el omellete a freír, se largó a llover. Desde la habitación escuchaba con exasperación como las gotas golpeaban la chapa de la terraza insistentemente. Parecía que no tenía planeado dejar de llover por un largo rato. El vaho inundaba la sala. El olor a tierra mojada con el queso no era una buena combinación. Un grito que salía de la cocina me hizo pararme en seco de la silla y empezar a poner la mesa. Era rutina; El grito, el portazo que pegaba para salir al comedor y el ruido que la vajilla hacía al chocarse en mis manos.
Era uno de esos días en que todos los canales estaban infestados por la misma transmisión. La política, no era bienvenida en casa, por lo tanto la señora que había cocinado puso, al azar, un canal de cable.
-Vamos pues, que el tiempo no es doctor, pero ayuda a sanar el alma.- dijo Juan en modo teatral al ver que estaban dando 500 días de verano.
-Idioteces. Detesto verlas a la hora de la comida.- vocifero el señor, impaciente de absolutamente todo, y se dispuso a agarrar el control.
Siempre me entretuve tratando de descifrar como los ingredientes del famoso omellete de la señora que cocinaba se unían, se mesclaban para nunca más separarse. Lejos de ser una masa homogénea era entrometerse en su estructura y me gustaba separar con el tenedor los pedazos de jamón, el queso derretido y, cuando encontraba, algún rastro de pimienta.
-Le tengo envidia a los omelletes.- solté sin más.
Todos dejaron de comer. El señor dejó de pasar canales, deteniéndose en Agrodía. Sentí como sus miradas se clavaron en mi frente instantáneamente.
-¿Y por qué podrías tenerles envidia?- habló la señora que cocina.
-Usted puede hacer que los ingredientes del omellete que está en mi plato se junten y se acepten. El calor los une y cuando lo tajeamos y lo comemos, vuelven a juntarse en nuestras tripas. Nada de eso sucede con las personas. Las personas construyen paredes, o son demasiado frías o demasiado calientes. Nadie acepta nada, nadie acepta a nadie.
Atónitos ante mi explicación de tal sentimiento por un alimento, Juan rió con ganas y se levanto de la mesa. – ¡Provecho!-, gritó desde la habitación.
El señor, entretenido, entornó la mirada a mi plato.
-No pensás comerlo, nena? Apuesto a que si comes pausado evitas que se reúnan en tu estomago. Ja ja ja- Se descostillaba. Beh, siempre fue un cabrón retrógrado. Esta casa apesta a retrógrados.
La señora, con una media sonrisa cortó un trozo de su comida y en un movimiento rápido de muñeca, desapareció en su boca. Reposó su mirada penetrante y lacerante en mis ojos, mostrándome de vez en cuando cómo el bocado se había convertido en una espesa pasta y cómo se escurría por sus molares.
.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




